sábado, 1 de octubre de 2011

Ardillas

Inquilinos simpáticos y habituales de nuestros bosques y parques, las ardillas son los roedores forestales de mayor tamaño y popularidad.
Se sienten atraídas por las coníferas, pues pasan largos ratos mondando decenas de piñas, que constituyen una parte importante de su alimentación, aunque también se alimentan de bellotas, hayucos, avellanas, yemas de árboles, brotes, hongos, bulbos, insectos e incluso huevos y pajarillos.

Dotada de una extremada habilidad, la ardilla puede desplazarse en cualquier sentido sobre la superficie de los árboles. Da saltos de cuatro a cinco metros de una rama a otra, aunque cuando la persigue una marta suele ser superada por su depredador.
Igualmente, debe escapar del azor, del cárabo y del búho real.

A diferencia del lirón gris, la ardilla no hiberna en invierno, sino que permance activa, aunque es menos visible.
Nunca abandona su nido, que por lo general está situado en la cima de un árbol joven o en una horquilla. Su nido está hecho de ramitas secas, cortezas, hojas, hierbas, musgo y pequeños tallos.

Aunque se trata de un animal ágil y huidizo ante la presencia del hombre, no es infrecuente que en parques y otras zonas con amplia presencia humana donde se les da de comer la ardilla acabe perdiendo el miedo y se acerque a las personas.

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