jueves, 15 de julio de 2010

Ascensión al Pico Longue (Vignemale, Francia), 3.298 mts

Fotografías y crónica de la travesía que realicé en julio desde el Valle de Ossoue al techo del Vignemale: el Pique Longue.


Estatua de bronce de Henry Russell, "El Señor del Vignemale", en Gavarnie.
9 de julio. Amanece en Zaragoza. Finaliza una tórrida noche en la que apenas he podido pegar ojo a causa del calor. Por las ventanas, abiertas en toda la casa, no entraba ni una brizna de aire...
Bien temprano, nos ponemos en carretera hacia Francia. Pasado Huesca, y ya en el puerto de Monrepós, la visión de los colosos pirenaicos es impresionante.
Atravesamos la muga entre España y Francia y en poco tiempo pasamos cerca de la base del Midi d´Ossoue. Nunca antes había contemplado esta montaña de porte singular. Realmente la belleza de su silueta es cautivadora, pero me decepciona que pueda apreciarse de manera tan completa desde la propia carretera. Descubrir la visión de una imponente montaña, oculta a los ojos tras varias horas de caminata de aproximación y esfuerzo, siempre es un aliciente más poderoso.
Llegados a Gavarnie, tomamos la pista asfaltada, que en pocos kilómetros se torna en camino bacheado de tierra, hasta llegar a la presa de Ossoue, donde aparcamos el coche y emprendemos la marcha.
El valle, ancho, está flanqueado por enormes farallones que dejan intuir el escenario de roca y hielo de proporciones grotescas que nos aguarda más adelante.
Valle de Ossoue, donde arranca y termina esta travesía.
El tiempo es caluroso, pero la parte alta de las montañas aparece recubierta de nieve, bien visible desde el fondo del valle. El glaciar, allá arriba, tendrá sus grietas tapadas con nieve dura y compacta de las generosas y abundantes nevadas de los meses invernales.
La graciosa marmota, la anfitriona del lugar.
Pronto, el terreno, suave por el valle, se empina al llegar a los primeros neveros. Unas furiosas cascadas marcan el inicio del ascenso, que ya no dará tregua en todo el recorrido.
En menos de 4 horas desde el inicio, llegamos al refugio de Baysellance (2.651 mts), donde, después de librarnos de las mochilas, nos dirigimos hacia el collado de Hourquette d´Ossoue. Allí, las vistas de la cara norte del Vignemale son espectaculares. El Pique Longue, nuestro reto para la siguiente jornada, se alza desafiante en la cabecera del valle de Gaube, rodeado por sus hermanos menores (Pitón Carré, Petit Vignemale,...).
Valle de Gaube, desde el collado de Hourquette d´Ossoue.

Cara norte macizo del Vignemale desde Hourquette d´Ossoue.
10 de julio. Nuevamente me levanto del catre habiendo dormido poco. Los ronquidos y bufidos de mis numerosos compañeros de cuarto en el refugio apenas me han dejado dormir un par de horas. Mis amigos, más afortunados, aseguran al despertarse que han dormido "de tirón". Está claro que Morfeo no está de mi lado en este viaje. Tras el desayuno, no tengo ganas más que de empezar la caminata para despejarme un poco.
Hacia las siete estamos camino del glaciar de Ossoue, a cuyo inicio llegamos tras varias incidencias de poca importancia. Nos encontramos bien de fuerzas y acortamos yendo pendiente arriba sin hacer uso de la huella que, zigzagueando, va ganando altura más paulatinamente. Encaramos duros repechos que ponen a prueba nuestros gemelos.
La temperatura es de 11 grados, pero sopla un viento recio y racheado que hace que la sensación térmica sea de menor temperatura. Además, la niebla matinal es densa, y nuestro esfuerzo no se ve recompensado con las vistas del entorno.

Caminando hacia el glaciar de Ossoue.
Atravesamos el glaciar sin precaución alguna. El piolet no es necesario pero sí los crampones. Como pronosticamos el día anterior, las grietas no aparecen por ningún lado debido a la abundancia de nieve. El terreno se va suavizando y llegamos a la base del Longue, donde desaparece el terreno helado. Dejamos nuestras mochilas e iniciamos el ascenso por un pedregal escarpado y de fortísima pendiente, con mucho guijarro suelto. Nos encontramos en el punto más crítico de la travesía. Es la parte sin duda más complicada y, además, hemos escogido una vía de acceso poco adecuada y peligrosa. Tenemos que hacer uso de nuestras manos y nuestro equilibrio para avanzar y para no provocar desprendimientos de piedras. Más de una vez nos vemos obligados a gritar <<¡cuidado, piedra!>>, porque es inevitable que algunos guijarros se desprendan y rueden peligrosamente montaña abajo. Mi inexperiencia en la alta montaña y el exceso de confianza me han hecho dejar abajo el casco que en esos momentos echo de menos.
Con algún pequeño susto y mucha incomodidad, pero sin mayores consecuencias, llegamos a la antecima. ¡¡¡Lo hemos conseguido!!! El vértice geodésico está a pocos metros.
Desde la cumbre, las vistas de las montañas circundantes y los valles son casi inexistentes debido a la densa bruma que no nos abandona. Lástima.
Ya de vuelta al glaciar, de regreso al valle que nos vio partir, el cielo se despeja y ante nosotros aparece, radiante, la diadema de picos que conforman el Vignemale, el Señor del Pirineo que tanto idolatró el pirineísta Russell.

Subida por el glaciar de Ossoue

Observando el Pitón Carré (3.197 mts)

Cuevas de Cerbillona, mandadas horadar por H. Russell.

Cordada por el glaciar de Ossoue hacia el Pique Longue.

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